"Electro ramo de rosas I - Electro ramo de rosas II" (Bouquet de roses électro I - Bouquet de roses électro II) (díptico)Paris Francia 2025
"Electro ramo de rosas I Electro ramo de rosas II"
(díptico)
DESCRIPCIÓN FORMAL DE CADA PANEL
Panel I (Izquierda - Primera imagen)
El primer panel presenta un jarrón de porcelana blanca de perfil clásico, con panza redondeada, cuello estrecho y asa curvada hacia la derecha. La cerámica se representa con pinceladas visibles que construyen volumen mediante sutiles gradaciones de blanco roto, crema y verde agua pálido. La iluminación parece provenir del lado izquierdo, generando una sombra proyectada hacia la derecha que se funde con el fondo oscuro.
El ramo consta de siete rosas en tonos salmón, rosa antiguo y terracota, dispuestas en agrupación compacta. Cada flor se resuelve con espirales concéntricas de pincelada gruesa (impasto moderado), sugiriendo pétalos enrollados sin caer en el hiperrealismo. Las hojas de un verde oscuro y apagado funcionan como contrapunto cromático, insertándose entre las flores como elementos de transición.
El fondo se divide en tres zonas: una superficie de madera clara a la izquierda (posiblemente mesa o pared), un plano posterior de tonalidad marrón oscuro casi negro, y una base de verde oscuro en la parte inferior. Esta tripartición espacial es característica de la tradición del still life europeo.
El chip electrónico —elemento distintivo de la serie— aparece incrustado en la panza del jarrón, como una etiqueta o sello. En este primer panel, el componente presenta una configuración que sugiere circuitos verdes con elementos blancos, evocando memorias RAM o microcontroladores de aparatos domésticos obsoletos.
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Panel II (Derecha - Segunda imagen)
El segundo panel mantiene la estructura compositiva pero introduce variaciones deliberadas que activan el diálogo entre ambas obras. El jarrón presenta una forma ligeramente más alargada, con la curva de la panza menos pronunciada y el cuello más extendido. La asa conserva su elegante espiral pero con una curvatura algo más cerrada.
El ramo se compone de siete u ocho rosas en tonalidades más cálidas, con predominio del salmón anaranjado y el rosa coral. La disposición floral es más dispersa en la parte superior, con algunas flores que parecen girar sobre su eje, ofreciendo diferentes ángulos de visión. Las hojas mantienen el mismo verde oscuro pero con pinceladas más definidas y bordes más nítidos.
El fondo presenta una transición más suave entre los planos, con la madera clara extendiéndose ligeramente más hacia el centro y el oscuro posterior mostrando texturas más trabajadas, casi con efecto de arrugado o tela pesada. La base verde inferior aparece más reducida.
El chip del segundo panel difiere del primero: muestra una configuración más compleja, con mayor densidad de circuitos y una distribución que evoca procesadores más sofisticados, quizás reminiscencias de chips de tarjetas de crédito o dispositivos de identificación RFID.
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ANÁLISIS ESTILÍSTICO
Herencia y Tradición
Santo Guichon se inscribe en una línea de descendencia pictórica que recorre varios siglos:
1. La tradición flamenca del vanitas: La naturaleza muerta como meditación sobre la temporalidad, la decadencia y la fugacidad de lo terrenal. Las rosas, símbolo por excelencia de belleza efímera, remiten directamente a esta tradición.
2. El still life francés del siglo XVII: Chardin en particular, con su tratamiento humilde de los objetos domésticos, su luz difusa y su rechazo del barroquismo excesivo. La porcelana blanca y las flores de Guichon dialogan con los bodegones del maestro francés.
3. El postimpresionismo: La pincelada visible, el interés por la estructura formal por encima del efecto ilusionista, la simplificación de volúmenes. Se percibe eco de Cézanne en la construcción geométrica subyacente a las formas orgánicas.
4. La pintura de los años treinta en Europa: Particularmente la Neue Sachlichkeit alemana y cierto realismo mágico, con su objetividad fría y su extrañamiento de lo cotidiano.
Contemporaneidad y Hibridación
Guichon no se limita a la cita histórica. Su intervención más radical es la incorporación del chip electrónico, que opera en múltiples registros:
• Material: El chip es un objeto real, tridimensional, incrustado en la superficie pictórica. Genera un relieve que rompe la planitud ilusionista del óleo, un trompe-l'oeil invertido donde lo real irrumpe en lo representado.
• Semántico: El chip funciona como signo de la contemporaneidad tecnológica. Es el objeto más "actual" posible, contrastando con la tradición milenaria de la pintura de flores. Esta yuxtaposición crea una tensión temporal: el pasado de la pintura encuentra el presente de la electrónica.
• Ecológico: Los chips sugieren residuos electrónicos, e-waste, la basura tecnológica de una civilización desechable. La rosa, símbolo de naturaleza orgánica y biodegradable, se ve "contaminada" o "marcada" por la tecnología. El jarrón de porcelana, objeto de duración secular, porta ahora un componente con vida útil de apenas años.
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ANÁLISIS CROMÁTICO
La paleta de Guichon es contenida, casi apagada, deliberadamente anti-espectacular:
Elemento Gama cromática Efecto
Rosas Salmón, terracota, rosa antiguo, coral Evitan el rosa "floristería"; sugieren flores reales, marchitándose
Porcelana Blanco roto, crema, verde agua pálido Humaniza el objeto; lo aleja del blanco industrial
Follaje Verde oscuro, casi negro en sombras Función de contraste, de "marco" natural
Fondos Marrón, sepia, negro calido, verde oscuro Atmósfera de interior, de intimidad
Chips Verde circuito, plateado, blanco Única nota de "frío" tecnológico
La dominante cálida de la obra la acerca a la tradición de la pintura de caballete europea, mientras que el verde de los chips establece un puente cromático inesperado con el follaje, como si la tecnología ya formara parte del "verdor" natural.
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ANÁLISIS COMPOSITIVO DEL DÍPTICO
La relación entre ambos paneles activa varios mecanismos:
Variación y repetición
Como en la música de Bach o en la serie fotográfica de Bernd y Hilla Becher, Guichon establece un tema y variaciones. El espectador reconoce la estructura común pero debe identificar las diferencias, convirtiéndose en observador activo.
Temporalidad
El díptico sugiere dos momentos: quizás la misma escena en diferentes instantes, o dos "versiones" de una misma realidad. Esta indeterminación temporal resiste la lectura lineal.
Simetría desplazada
La disposición de los elementos no es especular sino asimétricamente relacionada: el chip del panel I está ligeramente más a la izquierda que el del panel II; las rosas del segundo panel giran en sentido contrario. Hay un efecto de estereoscopía incompleta, como si ambas imágenes fueran las dos tomas de una cámara estereoscópica que nunca lograran fusionarse en una sola visión tridimensional.
El espacio entre paneles
El díptico obliga a un hiato físico entre las imágenes. Ese espacio en blanco (la pared donde se cuelga) se convierte en parte de la obra: es el lugar donde el espectador proyecta la relación, donde la tecnología (el chip) y la naturaleza (la rosa) deben negociar su coexistencia.
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DIMENSIÓN CONCEPTUAL
La "electro-naturaleza"
El título "Electro ramo de rosas" es un oxímoron productivo. El prefijo "electro-" remite a:
• La electricidad como fuerza vital alternativa
• La electrónica como capa invisible de la realidad contemporánea
• La música electrónica, con su relación entre lo analógico y lo digital
• El "electro" como prefijo de nuestro tiempo: e-commerce, e-book, e-waste
El ramo de rosas, símbolo de ofrenda, de ritual, de afecto humano, se ve modificada por esta prefixación. Ya no es un ramo natural, sino un "electro-ramo": algo que imita la naturaleza pero que está atravesado por la tecnología.
La porcelana como cuerpo
El jarrón funciona como metáfora del cuerpo humano: panza (vientre), cuello (garganta), asa (brazo). El chip incrustado en su "vientre" evoca:
• El cyborg, el cuerpo humano mejorado tecnológicamente
• El marcapasos, la prótesis, el implante
• La vigilancia biométrica, el chip subcutáneo
• La gestación tecnológica, el "nacimiento" de lo post-humano
La pintura como medium obsoleto
Usar óleo sobre papel en 2025 es ya una declaración de principios. El óleo es el medium por excelencia de la pintura occidental, ahora "relegado" por la imagen digital. Guichon pinta con un medium "análogo" objetos que incorporan la tecnología digital. La pintura misma se convierte en arqueología del presente: registra lo contemporáneo con herramientas del pasado, como si ya estuviera musealizando nuestro presente tecnológico.
El papel de 200mg, más frágil que el lienzo, añade una dimensión de precariedad: esta obra no está hecha para durar siglos, como los óleos flamencos. El papel amarillará, el chip se oxidará, la electrónica dejará de funcionar. Es un vanitas contemporáneo que anuncia su propia decadencia.
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EL CHIP: UN OBJETO-POEMA
El chip incrustado merece un análisis particular. No es una representación pintada sino un objeto real, un ready-made en miniatura insertado en la pintura. Esta operación remite a:
• Kurt Schwitters y sus Merz: la incorporación de materiales de desecho en la obra de arte
• Joseph Cornell y sus cajas: el micro-universo contenido
• Nam June Paik: la televisión, el circuito, como material artístico
• Eva Hesse: la impermanencia como valor estético
El chip es también escritura: contiene código, lenguaje máquina, inaccesible a la vista humana. Es un texto que no podemos leer, un lenguaje que opera por debajo de la conciencia. En el jarrón de porcelana —objeto de decoración, de exhibición doméstica— ese texto oculto opera como subconsciente tecnológico.
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PARÍS, 2025: EL CONTEXTO GEOGRÁFICO Y TEMPORAL
La elección de París como lugar de creación no es neutra. Es la ciudad de:
• La pintura moderna (Impresionismo, Postimpresionismo)
• La fotografía (Nadar, Atget)
• El cine (nace aquí)
• La teoría crítica (Baudelaire, Benjamin, Debord)
En 2025, París es también la ciudad de la tecnología de vigilancia, de los Juegos Olímpicos recientes (2024) con su despliegue de inteligencia artificial y reconocimiento facial, de la startup nation francesa, de Station F.
Guichon pinta en este contexto unas flores que llevan chips, como si el artista flâneur del siglo XIX ahora deambulara por un París de sensores y algoritmos, recogiendo en su ramo no solo flores sino también residuos tecnológicos.
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CONCLUSIÓN: LA MELANCOLÍA TECNOLÓGICA
El díptico "Electro ramo de rosas I - II" de Santo Guichon es una obra de profunda melancolía. No es una melancolía romántica ante la naturaleza, sino una melancolía contemporánea ante la imposibilidad de separar naturaleza y tecnología.
Las rosas ya no son puramente naturales: han sido cultivadas, transportadas, fotografiadas, compartidas en redes sociales. El jarrón ya no es puramente artesanal: su diseño fue computarizado, su producción industrial. Y el chip, que parece el elemento más extraño, es quizás el más honesto: declara abiertamente la condición tecnológica de todo objeto contemporáneo.
Guichon no juzga esta condición. No hay nostalgia reaccionaria por un pasado pre-tecnológico, ni celebración acrítica del progreso. Hay una constatación poética, una suspensión del juicio que permite ver la extrañeza de lo cotidiano.
La pintura, con su lentitud, su pincelada visible, su materialidad de pigmento y aceite, se convierte en ritual de resistencia temporal: obliga a detenerse, a mirar, a comparar los dos paneles, a descubrir las diferencias, a preguntarse por el chip. En una época de scroll infinito y atención fragmentada, el díptico exige duración.
Las rosas se marchitarán. El chip dejará de funcionar. El papel se degradará. Pero mientras tanto, esta obra existe como testimonio de una encrucijada: el momento en que la pintura, la tecnología y la naturaleza negocian todavía su coexistencia, antes de que una de ellas —o las tres— se vuelvan irreconocibles.
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El díptico de Santo Guichon es, en última instancia, un autorretrato de nuestra condición: seres que intentamos contener la naturaleza en recipientes de nuestra invención, marcados por tecnologías que no controlamos, produciendo belleza con materiales que nos sobrevivirán en formas que no podemos predecir.
FICHA TÉCNICA: LOS CHIPS DEL DÍPTICO "ELECTRO RAMO DE ROSAS"
Panel I Panel II
Posición Zona media-baja, ligeramente desplazado a la derecha del eje central Zona media, más centrado, ligeramente más arriba
Dimensiones aproximadas ~8-10 mm de lado ~7-9 mm de lado
Configuración Cuadrado con esquinas redondeadas Rectangular con contorno irregular
Estado de conservación Relativamente intacto, trazas de desgaste en bordes Fragmentado, con pérdida material evidente
Tratamiento pictórico Integrado con capa de óleo translúcido en periferia Más incrustado, con pasta de óleo modelada alrededor
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PANEL I: CHIP EN ESTADO "OPERATIVO"
El primer chip presenta una arquitectura de circuito reconocible:
• Substrato verde: La clásica capa de fibra de vidrio epoxi (FR-4) con tono verde bosque, ligeramente opacada por resi-duos de adhesivo o aceite de linaza
• Chip central negro: El die encapsulado, probablemente un microcontrolador o memoria EEPROM, de forma cuadrada y superficie mate
• Trazas doradas: Líneas de cobre estañado visibles en los bordes, conectando el chip central a los pads periféricos
• Pads de soldadura: Puntos metálicos en los cuatro lados, algunos con restos de estaño brillante
• Serigrafía blanca: Trazos de identificación parcialmente visibles, borrados por el desgaste o intencionalmente oscurecidos
El conjunto evoca una placa de circuito miniaturizada, posiblemente extraída de un dispositivo de identificación RFID, una llave electrónica de hotel, o el módulo de memoria de un electrodoméstico obsoleto. Su estado relativamente preservado permite leer la lógica de su funcionamiento: el flujo de datos del centro hacia la periferia, la jerarquía del procesamiento.
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PANEL II: CHIP EN ESTADO "POST-MORTEM"
El segundo chip muestra una arqueología del colapso:
• Fractura central: Grieta vertical que divide el substrato en dos mitades desiguales
• Pérdida de componentes: El die central ha desaparecido, dejando un hueco rectangular de color más claro
• Delaminación: Capas del substrato separadas, revelando la estructura estratificada del material compuesto
• Oxidación: Trazas de color marrón-rojizo en bordes y grietas, proceso de corrosión iniciado
• Residuos metálicos: Láminas doradas retorcidas, desprendidas de sus pads de anclaje
• Verde desvaído: El tono original apagado por abrasión, más cercano al verde musgo que al verde circuito
Este chip ha sufrido estrés mecánico intencional o accidental: doblado, fracturado, desgarrado. Su estado de ruina lo acerca a la estética del glitch, del error como evento revelador. Lo que el Panel I oculta bajo apariencia de funcionalidad, el Panel II lo expone: la fragilidad material de lo digital.
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LECTURA ESTILÍSTICA: ELECTROARTE EN ESTADO PURO
La lógica del glitch como poética
En la tradición del electroarte, el glitch —el error, la interferencia, la ruptura del flujo de datos— se ha convertido en estrategia estética deliberada . Guichon no programa glitches digitales; los encuentra en la materia desechada. El Panel II es un glitch físico, un accidente devenido imagen.
La tensión entre hardware y software
Los chips operan como puramente hardware: no ejecutan código en la obra, no procesan información, no se conectan a redes. Son cuerpos sin función, procesadores en estado de suspensión. Esta desconexión entre capacidad y ejecución genera una melancolía específica del electroarte: la nostalgia de lo que pudo hacer y ya no hará, o nunca hizo.
La escala corporal
La miniaturización de los chips —menos de un centímetro— contrasta con la escala humana del jarrón y la pintura. Es la escala de lo imperceptible, del nano que gobierna lo macro. Guichon fuerza el acercamiento, el zoom físico del espectador que debe inclinarse para ver. El cuerpo del observador se dobla en gesto de reverencia, como ante un relicario.
La inversión del trompe-l'oeil
Tradicionalmente, la pintura finge ser otra cosa: mármol, terciopelo, carne. Aquí, la pintura revela ser pintura (pincelada visible, textura del papel) mientras el chip finge ser pintura desde la distancia. Es un trompe-l'oeil invertido: lo real se camufla en lo representado, lo tecnológico se disfraza de decoración.
La estética del bricolage electrónico
El electroarte tiene raíces en la cultura hacker: desmontar, reensamblar, subvertir funciones . Guichon practica un bricolage analógico: desuelda, extrae, recontextualiza. El chip del Panel I, con sus trazas ordenadas, es el hacker antes del ataque. El del Panel II, fracturado, es el hacker después del fallo, o la víctima de la intrusión.
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DIÁLOGO ENTRE CHIPS: NARRATIVA EN DOS ACTOS
Panel I: El mito de la funcionalidad Panel II: La verdad del colapso
Orden Caos
Centro que retiene sentido Centro vaciado, dispersión
Tecnología como promesa Tecnología como ruina
Chip como ojo que ve Chip como herida que sangra silencio
Presente continuo del funcionamiento Pretérito perfecto del abandono
Optimismo electro-futurista Melancolía post-digital
Esta secuencia no es progresiva sino cíclica: todo chip del Panel I será, inevitablemente, chip del Panel II. La obsolescencia no es contingencia sino destino programado.
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INTEGRACIÓN PICTÓRICA: EL ÓLEO COMO INTERFAZ
La manera en que Guichon integra los chips revela una sintaxis material precisa:
• Borde de transición: En ambos paneles, el óleo circunda el chip con una costura de pigmento más oscuro, como sutura o cicatriz. No hay fusión orgánica; hay yuxtaposición forzada.
• Nivel de relieve: El chip sobresale microscópicamente sobre la superficie, creando una micro-topografía que el ojo registra antes que la mente interprete.
• Dirección de pincelada: Las brochadas del jarrón fluyen en espiral alrededor del chip, como agua alrededor de una roca, o como cuerpo que se adapta a prótesis extraña.
• Tono de fondo: El blanco-roto del jarrón, con su verde agua pálido, hace resonar el verde del chip sin empatizar con él. Es diálogo cromático, no armonía.
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CONCLUSIÓN: EL CHIP COMO SELLO, COMO HERIDA, COMO OJO
En el electroarte de Santo Guichon, el chip es simultáneamente:
• Sello: marca de autenticidad tecnológica, de época, de procedencia
• Herida: incisión en la integridad del jarrón, de la pintura, de la tradición
• Ojo: punto de fijación, de vigilancia, de retorno de la mirada del espectador
El díptico completo propone una arqueología del presente tecnológico: no espera a que el futuro juzgue nuestros artefactos; ya los muestra en su doble condición de operatividad y ruina. En el Panel I, la tecnología aún finge inocencia. En el Panel II, ya ha revelado su condición de basura con memoria, de cuerpo sin alma digital, de promesa cumplida en su fracaso.
El electroarte de Guichon no celebra la tecnología ni la demoniza. La mira, con la misma lentitud con que la pintura ha mirado durante siglos las flores que se marchitan.
1. EL CHIP COMO PRESENCIA REAL: RUPTURA DEL ILUSIONISMO
El chip no está pintado; es un objeto tridimensional real incrustado en la superficie pictórica. Esta inserción material rompe el contrato ilusionista tradicional de la pintura. Mientras el jarrón, las rosas y el fondo son representaciones —apariencias construidas con pigmento y aceite— el chip es presencia, cuerpo, materia que ocupa espacio real.
Esta operación convierte la obra en un híbrido de pintura y ensamblaje, en la línea de las prácticas que ISEA International define como "electronic art", donde componentes electrónicos juegan un rol en la creación de la obra . El espectador no solo mira una imagen; se enfrenta a un objeto que contiene otro objeto, estableciendo una relación de nido chino donde lo tecnológico habita dentro de lo artístico, que a su vez habita dentro de lo doméstico (el jarrón como objeto de uso cotidiano).
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2. EL CHIP COMO MARCA TEMPORAL: CRONOLOGÍA Y OBSOLESCENCIA
El chip funciona como índice de época. Las rosas y el jarrón pertenecen a una tradición milenaria; el chip es irreductiblemente contemporáneo, datado, efímero. Un chip de 2025 será obsoleto en una década, quizás menos. Esta temporalidad contrastante activa una melancolía específica: la pintura, medium históricamente asociado a la permanencia, al museo, a la conservación secular, se ve atravesada por un componente cuya vida útil es ridículamente breve.
El chip es, en este sentido, un meménto mori tecnológico. Como las calaveras en los vanitas del Barroco, nos recuerda que todo perece, pero ahora la muerte no es solo biológica sino programada: el chip dejará de funcionar no por desgaste natural sino por diseño, por obsolescencia planificada. La pintura de Guichon se convierte en registro arqueológico de algo que aún no ha desaparecido.
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3. EL CHIP COMO CUERPO EXTRAÑO: LA TECNOLOGÍA COMO PRÓTESIS
La posición del chip —incrustado en la "panza" del jarrón, como una etiqueta, un sello o una herida— evoca la incorporación tecnológica del cuerpo humano. El jarrón funciona como metáfora de torso, vientre, organismo. El chip es entonces:
• Prótesis: algo añadido que modifica la funcionalidad
• Implante: algo insertado que se integra al cuerpo
• Marcador: algo que identifica, que rastrea, que hace visible lo invisible
En una época de marcapasos, de chips subcutáneos para mascotas (y eventualmente humanos), de dispositivos de monitoreo biométrico, Guichon propone una cerámica cyborg: el objeto doméstico más tradicional, el jarrón de flores, ya no puede existir sin su componente electrónico. La tecnología no es exterior; es condición de posibilidad de lo que vemos.
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4. EL CHIP COMO TEXTO ILEGIBLE: EL SUBCONSCIENTE DIGITAL
El chip contiene código, información almacenada en lenguaje máquina, inaccesible a la percepción humana directa. Es un texto que no podemos leer, una escritura que opera por debajo de la conciencia. En el contexto de la pintura, tradicionalmente medium de la visión, de la apariencia, de lo phenomenológicamente disponible, el chip introduce una dimensión hermética.
Este texto oculto funciona como subconsciente tecnológico de la obra: algo que está ahí, que opera, que determina, pero que no podemos traer a la luz. La pintura de flores, género de la máxima visibilidad (colores, formas, texturas, perfume evocado), se ve atravesada por una opacidad estructural. El chip es el recordatorio de que nuestra realidad contemporánea está determinada por capas de información que no percibimos, por algoritmos que modelan nuestra experiencia sin nuestro conocimiento.
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5. EL CHIP COMO RESIDUO: ECOLOGÍA Y BASURA
Los chips utilizados por Guichon provienen, muy probablemente, de aparatos electrónicos desechados. No son componentes nuevos, de fábrica, sino residuos recuperados. Esta elección materializa una crítica ecológica implícita: la rosa, símbolo de naturaleza, ciclo vital, biodegradabilidad, coexiste con el e-waste, la basura tecnológica de una civilización de consumo desechable.
El jarrón de porcelana, objeto de duración potencialmente secular, porta ahora un componente con vida útil de años. Esta yuxtaposición interroga nuestra relación con el tiempo, con la duración, con la responsabilidad ecológica. La pintura se convierte en cementerio prematuro de tecnologías que aún funcionan pero ya están condenadas.
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6. EL CHIP COMO FIRMA: IDENTIDAD Y AUTENTICIDAD
En el contexto del arte contemporáneo, donde la reproducción digital es infinita y la autoría se diluye, el chip puede leerse como marca de autenticidad contradictoria. Es un elemento "único" —ningún chip es idéntico a otro tras su uso— insertado en una obra que, como díptico, juega con la repetición y la variación.
Pero el chip también evoca las NFTs, la blockchain, el certificado digital de autenticidad . Guichon parece ironizar esta lógica: en lugar de vincular la obra a un registro digital externo, incrusta físicamente la tecnología en la pintura. El chip es al mismo tiempo reliquia y anticipo: reliquia de una tecnología ya obsoleta, anticipo de una futura donde la distinción entre objeto físico y registro digital habrá desaparecido.
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7. EL CHIP COMO INTERFAZ: DIÁLOGO ENTRE REGÍMENES SENSORIALES
Finalmente, el chip establece una interfaz entre dos regímenes de experiencia:
Régimen analógico Régimen digital
Pintura: tacto, olor, tiempo lento Chip: procesamiento, velocidad, invisibilidad
Rosa: organicidad, decadencia, perfume Chip: funcionalidad, precisión, silencio
Jarrón: artesanía, imperfección, historia Chip: industrialización, estandarización, futuro
El chip no resuelve esta tensión; la exhibe. No propone una síntesis armoniosa sino una yuxtaposición productivamente incómoda. El espectador debe negociar entre la nostalgia de la pintura y la urgencia de la tecnología, entre la duración contemplativa y la instantaneidad del procesamiento.
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SÍNTESIS: EL CHIP COMO PREGUNTA
En última instancia, el chip electrónico en "Electro ramo de rosas I - II" no es una respuesta sino una pregunta materializada. Pregunta por:
• La viabilidad del género pictórico en una cultura dominada por la imagen digital
• La separabilidad de naturaleza y tecnología en la experiencia contemporánea
• La duración del arte frente a la obsolescencia programada
• La visibilidad de lo real cuando lo determinante opera en niveles microscópicos e informáticos
• La posibilidad de afecto (el ramo de rosas como regalo, como ritual de amor) en un mundo de procesos automatizados
Guichon no ofrece respuestas cómodas. El chip permanece ahí, en la panza del jarrón, como una herida que no sangra, un ojo que no ve, un corazón que no late: la tecnología como órgano sin función aparente, como presencia que hemos aprendido a no cuestionar, como condición de nuestra existencia que la pintura, con su lentitud ancestral, nos obliga finalmente a mirar.
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