Artista Santo Guicho "ART AND POETRY" (L'oiseau électrique alchimique) CONCEPT BY MLLE MEREDITH - EDITION 001 Paris France

 

« L'oiseau symbolise le lien entre le ciel et la terre. »


"ART AND POETRY"

LIVE ART EXPERIENCE PARIS 

CONCEPT BY MLLE HEREDITH 

( Le Contemporain habité par la mémoire )


EDITION 001

Producción General Dasy

30 de Julio de 2026 

Una noche en tres tiempos:

LAS LECTURAS I: 

Amaél Dugain 


Extractos de *Les Diaboliques* de Jules Barbey d'Aurevilly, *Cartas a un joven poeta* de Rainer Maria Rilke y *Sales Nouvelles* de Hadrien Timon Royand.


Recitación de poemas de Arthur Rimbaud y Paul Verlaine.


LAS REUNIONES  II:

Entrevistas por Marjorie Masson 



SANTO GUICHON pinture en live.

Ccreación de una pintura de 45x45cm con pintura al oleo sobre una gruesa tela en la mesa central del espacio inspirado en la imaginación y el medio que lo rodea 

La primera impresión personal cuando llego el artista al espacio intimo; Creativo donde estaban reunidos un grupo de artistas y gente expectante de otras disciplinas como musica, danza, escritores, poetas y productores audio visuales. 


Katie Beth Kelly 

Poeta de Tennessee USA


Catherine Richard 

Artista Conceptual - Performance de New York USA 


LA CONVERSACION HEREDITH II

El debate filosófico animado por el profesor de filosofía y cineasta:

Léopold Frienck 

Abriendo un dialogo y pasando las palabras para que circulen entre los artistas.



"Leer, escuchar, pensar juntos."



"Compartir lo que llevamos dentro."




La mesa de la cena muy diversa con platillos creativos. 


El Intelectual como Testigo de Laboratorio

Llegué con mis prejuicios intactos. Soy de los que sospechan cuando escuchan "performance", "live painting", "experiencia inmersiva" —esas etiquetas que el mercado del arte adora para vender lo mismo en envase nuevo. Pero Mlle Heredith, con su concepto de Le Contemporain habité par la mémoire, había diseñado algo que no admitía posición crítica distante. Estaba uno dentro o estaba uno fuera. Y yo, al cruzar esa puerta parisina el 30 de julio de 2026, entré sin saber que me convertiría en dato, en testigo, en componente del sistema.

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La Mesa como Circuito

La mesa central no era mobiliario: era plataforma de experimentación. Allí, Santo Guichon desplegó su electroart con la naturalidad de quien no distingue ya entre lo orgánico y lo digital. Observé sus manos —estas manos que las fotografías captan en gesto suspendido— y noté la paradoja: movimientos que remiten a la tradición pictórica más ancestral, a los maestros flamencos mezclando pigmentos, pero ejecutados sobre una tela que funcionaba como matriz, como hardware esperando su software.

El chip de computadora. Debo detenerme aquí, porque fue el momento en que mi formación filosófica —esa que me enseñó a separar naturaleza y técnica, physis y techné— sufrió su crisis más aguda. Guichon integraba el chip no como adorno conceptual ni como gimmick tecnológico, sino como órgano. La pintura al óleo, esa sustancia viscosa, ancestral, lenta, conversaba con el silicio en un idioma que ninguno de los dos dominaba por separado pero que ambos, en contacto, generaban.

Las cámaras de la producción Dasy —profesionales, implacables, múltiples— no documentaban desde afuera. Eran parte del circuito. Cada ángulo, cada zoom, cada corte de plano formaba parte de la obra tanto como la brocha o el chip. Pensé en Les Diaboliques que Amaél Dugain había leído horas antes: esa literatura del siglo XIX donde la mirada siempre es culpable, donde observar es intervenir. Las cámaras de Dasy no observaban: participaban en la alquimia.

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Tres Registros, Tiempos Superpuestos

Lo que las imágenes capturan —y lo que mi memoria teoriza— es una simultaneidad imposible de tres temporalidades:

El tiempo del óleo: lento, geological casi. Cada capa exige secado, cada color exige meditación. Guichon respetaba esta temporalidad con la paciencia de quien sabe que el arte tradicional no muere, solo espera su reconfiguración.

El tiempo del chip: instantáneo, binario, sin duración vivida. El silicio procesaba, registraba, sabía algo que la pintura ignoraba. ¿Era esta ignorancia mutua? ¿O era una forma de conocimiento híbrido, todavía sin nombre?

El tiempo de las cámaras: fragmentado, montable, destinado a un futuro que ninguno de los presentes controlaba. La producción Dasy estaba creando no solo documentación sino versión: esta edición 001 que se convertiría en referencia, en archivo, en memoria que habita lo contemporáneo.

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El Pájaro Eléctrico Alquímico como Síntoma

"L'oiseau électrique alchimique". El título, que en la cena sonó casi casualmente, adquiere densidad retrospectiva. No es descripción de la obra: es diagnóstico de nuestra condición. El pájaro —símbolo romántico por excelencia, alma que asciende, Rimbaud mismo en su "Alchimie du verbe"— aquí es eléctrico. No hay naturaleza pre-técnica que invocar. La alquimia ya no transforma plomo en oro: transforma datos en afecto, silicio en belleza, óleo en información.

Y sin embargo, y esto es lo que me mantiene despierto, funcionaba. No como ironía posmoderna, no como crítica institucional. Funcionaba como experiencia estética genuina, de esas que la tradición filosófica —desde Kant hasta Adorno— había reservado para situaciones menos contaminadas por la técnica. Me sentí conmovido. Me sentí presente. Me sentí, en el sentido más literal, habitado por la memoria —memoria de algo que no había sucedido aún, memoria del futuro que las cámaras de Dasy estaban fabricando en tiempo real.

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La Conversación Heredith II: Filosofía como Residuo

Léopold Frienck, profesor de filosofía y cineasta, intentó organizar el caos en diálogo. Pasó palabras. Circuló preguntas. Pero yo noté —¿fue paranoia mía?— que la verdadera conversación ya había sucedido, estaba sucediendo, en la mesa central, entre el óleo húmedo y el chip silencioso. 

El debate filosófico era residuo, era eco, era necesaria formalidad para que los intelectuales presentes no perdieramos completamente el estatuto que creíamos poseer.

Katie Beth Kelly, poeta de Tennessee, dijo algo que no recuerdo textualmente pero que traduzco así: "En mi país el pájaro eléctrico sería un avión de combate. Aquí es algo más antiguo y más nuevo a la vez". Catherine Richard, desde su performance conceptual neoyorquina, asintió con el cuerpo entero.

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Cierre sin Conclusión

Salí del espacio intimo cuando el óleo aún no había secado. El electroart de Santo Guichon continuaba su proceso químico-digital en mi ausencia. Las cámaras de Dasy, supongo, siguieron filmando el final de la noche, la despedida de los artistas, la limpieza de la mesa central.

Tengo estas imágenes en blanco y negro. Tengo mi palabra de intelectual que intenta teorizar lo que quizás solo puede suceder. Tengo la certeza de que la edición 001 de Art and Poetry: Live Art Experience Paris no fue un evento más en el calendario cultural parisino: fue una prueba, un experimento cuyos resultados aún no tenemos categorías para evaluar.

El pájaro eléctrico alquímico vuela, si es que vuela, en un cielo que no es naturaleza ni tampoco simulacro. Es el cielo de lo contemporáneo, habitado por memorias que no son nuestras pero que, de alguna manera, nos habitan.


Para archivo: 30.07.2026. Testigo intelectual no identificado. 



"El Pájaro Eléctrico Alquímico" (2026)

(L'oiseau électrique alchimique)


Análisis de la obra de Santo Guichon


Descripción Técnica y Procesual


Fase I: El Boceto y el Chip (Pre-alquimia)

Guichon comenzó sobre la tela gruesa de 45x45cm con carboncillo —ese material que ya es fantasma de sí mismo, rastro de árbol sobre tela de lino— trazando la estructura de lo que sería: la mesa ovalada, los comensales, el espacio íntimo que nos contenía. Pero antes de que la pintura tocara superficie, ejecutó un gesto que definiría toda la obra: pegó el chip-circuito en la zona superior izquierda, donde tradicionalmente hubiera colgado un cuadro, una ventana, un resplandor divino.

El circuito verde, con sus pistas de cobre y sus componentes miniaturizados, no fue aplicado como collage decorativo: fue implantado como órgano, como segundo cerebro de la pintura. Desde ese momento, la obra ya no era solo pintura: era sistema híbrido, biología vegetal (tela, aceite) y biología mineral (silicio, metal) en cohabitación forzada.

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Fase II: Los Cinco Colores (La Mesa como Mundo)

Con cinco colores —apenas cinco, como los juegos de luz primarios que cualquier pantalla digital necesita— Guichon construyó toda la cromática de la experiencia:

Color Función Presencia

Ocre/marrón tierra Estructura, mesa, cuerpos Lo terrenal, lo que sostiene

Blanco/crema Resplandores, platos, auras Lo que ilumina sin cegar

Negro/carbón Sombras, contornos, vacíos Lo que define por ausencia

Rojo terracota Detalles, flores, latidos Lo que pulsa, lo vivo

Verde circuito El chip, y solo el chip Lo técnico, lo inasimilable

La paleta restringida no es economía: es decisión epistemológica. Guichon no imita la plenitud cromática del mundo; sintetiza, como lo hace cualquier procesador digital, reduciendo lo infinito a combinaciones de lo finito.

La mesa ovalada ocupa el centro compositivo como mandala laico, como altar compartido donde platos, vasos, jarrones y manos se distribuyen en simetría imperfecta. Los comensales —¿ocho? ¿nueve?— no tienen rostro individualizado: son tipos, funciones, posiciones alrededor. El artista no retrata personas: retrata la estructura de la convivencia, la geometría del estar-juntos.

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Fase III: El Pájaro de Cartón (La Paleta que Vuela)

El gesto final, que provocó los aplausos: el pájaro de cartón, usado como paleta durante toda la ejecución, fue pegado sobre la pintura.

Aquí la obra alcanza su densidad máxima. El pájaro de cartón —material de desecho, soporte de embalaje, basura industrial— ha sido testigo de toda la creación, ha absorbido los cinco colores en su superficie porosa, ha servido de intermediario entre el tubo de óleo y la tela. Y ahora, cumplida su función instrumental, no es descartado: es elevado, transformado en protagonista, en título, en emblem.

Su forma: híbrida, irreductible. Cuerpo de ave con algo de pez, de luna creciente, de barco. Pico naranja que contradice toda la paleta terrestre. Ojo circular, atento, que no mira a los comensales sino hacia afuera del cuadro, hacia nosotros, los espectadores posteriores, los que solo conocemos la obra por reproducción. Cola que se prolonga en líneas paralelas, como ondas, como huella de pinceladas múltiples, como registro del tiempo que pasó mientras pintaba.

El cartón conserva las marcas de uso: manchas, mezclas, zonas donde los colores se combatieron antes de ceder. Es documento y documentado, evidencia del proceso y resultado del proceso, paleta que se convierte en pájaro, herramienta que se convierte en símbolo.

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Análisis Estilístico: El Electroart como Manierismo Técnico

La Tradición que Habita

Guichon no rompe con la pintura de historia ni con la escena de género: las habita, las recuerda. La disposición de los comensales alrededor de la mesa evoca:

•  Las Últimas Cenas de la tradición cristiana (pero sin Cristo central, sin traidor identificado, sin narrativa redentora)

•  Los banquetes de Veronese (pero sin opulencia, sin arquitectura clásica, sin mitología)

•  Las cenas íntimas de la pintura intimista francesa (pero sin calidez doméstica, sin familia burguesa)

Es pintura de género desprovincializada, escena de convivencia desnarrativizada.

La Técnica que Perturba

El estilo de Guichon en esta obra podría denominarse expresionismo controlado o fauvismo tecnológico:

•  Pincelada visible, rápida, casi violenta en las zonas de sombra, más pausada en las superficies de la mesa

•  Contornos irregulares, que no delimitan formas sino que sugieren presencias, como en los dibujos infantiles que el artista intelectualizado recupera

•  Perspectiva múltiple: la mesa se ve desde arriba, los comensales de frente, el pájaro de perfil, el chip de plano. No hay punto de vista único sino acumulación de puntos de vista, como en la fotografía serial o en el video en pantalla dividida

•  Textura heterogénea: óleo grueso en algunas zonas, casi transparente en otras, cartón rugoso en el pájaro, superficie lisa del chip

El Chip como Punctum

Siguiendo a Barthes: el chip-circuito es el punctum de la obra, aquello que pincha, que hiere, que rompe el campo de estudio (studium) de la escena de convivencia. Sin él, la pintura sería una cena íntima más, bien ejecutada, olvidable. Con él, se convierte en diagnóstico de época: nosotros, los que comemos, conversamos, amamos, estamos siempre ya atravesados por la tecnología, siempre ya circuito y carne simultáneamente.

El verde del chip no es el verde de la naturaleza: es el verde de la placa de circuito impreso, el verde de la industria electrónica, el verde que no crece sino que procesa.

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El Pájaro de Cartón: Metáfora del Artista

El pájaro de cartón, usado como paleta y luego elevado a protagonista, es metáfora del propio Guichon y de toda práctica artística contemporánea:

Aspecto Significado

Material de desecho El artista trabaja con lo disponible, con lo que la cultura descarta

Función instrumental Primero sirve, luego significa; primero es medio, luego es fin

Superficie manchada Conserva el registro del trabajo, la memoria del proceso

Forma híbrida No es una especie reconocible: es invención, es electroart

Pegado sobre la pintura El artista se inserta en su propia obra, no se mantiene al margen

El aplauso del público no fue solo reconocimiento de habilidad: fue alivio liberatorio. El pájaro, ese objeto humilde, ese despojo, había vuelo. La alquimia —entendida no como transmutación de metales sino como transformación de valores— había funcionado una vez más.

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Resumen Analítico

"El Pájaro Eléctrico Alquímico" es una obra de síntesis imposible que, precisamente por su imposibilidad, logra existir:

1.  Síntesis temporal: condensa en 45x45cm la noche entera, las lecturas de poesía, las conversaciones, el debate filosófico, la propia acción de pintar

2.  Síntesis técnica: óleo tradicional + chip digital + cartón reciclado, sin jerarquía entre ellos

3.  Síntesis semántica: el título funciona como clave que no cierra el significado sino que lo multiplica —eléctrico (energía, tecnología), alquímico (transformación, misterio), pájaro (alma, libertad, mensajero)

4.  Síntesis espacial: la pintura representa el espacio donde fue creada, incluyendo a sus creadores y espectadores, en un mise en abyme que no es vanidad sino constatación: estamos todos dentro, nadie observa desde fuera

La obra es, en última instancia, autorretrato del colectivo: no hay rostro individualizado porque el rostro es el que emerge del estar-juntos, del circuito que conecta, del pájaro que vuela sobre la mesa donde comemos, discutimos, creamos.





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