Artista Santo Guichon "Comida Chatarra con botella" (Malbouffe avec une Bouteille) La campagne française 2024


 (Malbouffe avec une Bouteille)




DESCRIPCIÓN DETALLADA DE LA OBRA

Composición y Estructura Visual
La pintura presenta una composición que evoca la estética del bodegón tradicional pero sometida a una radical transformación contemporánea. El formato parece ser horizontal, con una distribución asimétrica que crea tensión visual entre dos zonas principales:

El Plato/Ovalo Central
A la izquierda y centro, domina una forma ovalada con anillos concéntricos que recuerdan múltiples lecturas posibles:
•  Un plato hondo o fuente de cerámica
•  El ojo de una tormenta, de un huracán visto desde satélite
•  Una espiral de consumo, un vórtice
•  La huella de un objeto tecnológico, quizás un disco duro o un altavoz
Estos anillos están pintados con pinceladas expresivas y visibles, en tonos terrosos: ocres, marrones, grises, con inserciones de verde desvaído y una línea púrpura/magenta que atraviesa diagonalmente el espacio, como un cable, una vena, o una cicatriz.
El Artefacto Electrónico
En el centro exacto del óvalo, rompiendo la superficie pictórica, se encuentra un circuito electrónico real —no pintado, sino objeto físico incorporado. Observo:
•  Una pequeña placa de circuito impreso (PCB) de color rojizo/rosa
•  Componentes electrónicos soldados
•  Dos cables saliendo: uno rojo y otro negro (los colores convencionales de polaridad eléctrica)
•  El cable rojo desciende en curva hacia el borde inferior, como si "escapara" del cuadro
Esta inserción de objeto real sobre/within la pintura constituye una técnica mixta que dialoga con tradiciones del arte ensamblaje (assemblage) y el ready-made duchampiano, pero actualizado al lenguaje de la electrónica de consumo.

La Botella
A la derecha, una forma vertical que innegablemente lee como botella —otro clásico del bodegón (recuérdese Morandi, los bodegones españoles, Cézanne). Sin embargo:
•  Está estilizada, casi esquematizada
•  Su "etiqueta" es un rectángulo verde con una franja vertical clara, casi como una pantalla, una interfaz, un medidor de batería
•  El cuello alargado, la silueta elegada, pero tratada con la misma paleta terrosa y desgastada
•  No refleja luz como cristal, sino que absorbe la materia pictórica circundante
Materia y Textura
La arpillera (tela de yute o fibra bastarda) como soporte es decisiva:
•  Su textura rugosa, irregular, de fibra visible impregna toda la superficie
•  No es lienzo liso de academia; es materia "pobre", asociada a sacos, a embalaje, a trabajo, a economías marginales
•  El óleo sobre esta superficie crea una absorción desigual: zonas donde la pintura penetra y se apaga, otras donde se acumula en relieve
•  Hay zonas de espesor, de empasto, especialmente en los bordes del óvalo y en la botella
La paleta es contenida, terrosa, casi monocroma:
•  Dominan los marrones, grises parduzcos, verdes apagados
•  El rojo del circuito y del cable funciona como punto de máxima intensidad cromática
•  El verde de la botella y el púrpura de la línea diagonal son acentos contenidos
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ANÁLISIS COMPLETO
I. El Título como Clave Hermenéutica: "Comida Chatarra"
El título opera en múltiples registros:
Literal/Fotográfico: "Comida chatarra" = junk food en español, la comida rápida, industrial, nociva. El plato vacío (o casi vacío, solo con "basura" electrónica) sugiere un consumo que no nutre, una alimentación de apariencia pero sin sustancia.
Metafórico/Tecnológico: "Chatarra" también significa basura electrónica, e-waste, los desechos tecnológicos que saturan el planeta. El circuito en el plato es literalmente "chatarra" que se consume, que se ingiere, que nos alimenta de manera tóxica.
Lingüístico: La yuxtaposición "comida" (orgánica, necesaria, ancestral) + "chatarra" (inorgánica, descartable, moderna) genera un oxímoron que condensa la paradoja central de nuestra época.
II. El Género del Bodegón Subvertido
La historia del bodegón es la de una mediación sobre el consumo:
•  En el Barroco español: vanitas, memento mori, la fugacidad de las riquezas
•  En Cézanne: la materialidad de las cosas, la construcción pictórica
•  En los pop artists (Warhol, Oldenburg): la banalidad del consumo de masas
Guichon reactualiza este género:
•  El plato no tiene fruta, pan, carne —tiene un circuito
•  La botella no contiene vino, agua, licor —contiene una interfaz verde, una promesa tecnológica vacía
•  No hay naturaleza muerta, sino tecnología muerta (o moribunda, obsoleta)
III. El Electroarte como Práctica
El término que asocias a Guichon, "electroarte", designa una hibridación que aquí se manifiesta de manera específica:
Dimensión Realización en la obra
Material Incorporación de objeto electrónico real (circuito)
Temática La tecnología como objeto de consumo cotidiano
Crítica La obsolescencia programada, la e-waste
Estética Lo "frío" de la electrónica vs. lo "caliente" de la pintura
Temporal El circuito ya es arqueología (¿de qué aparato? ¿cuándo obsoleto?)
El cable rojo que sale del cuadro es particularmente significativo: sugiere que esta "comida" está conectada a una red mayor, que el consumo es sistémico, que no hay exterior, que incluso el espectador está enchufado a este circuito.
IV. Lo Rural y lo Tecnológico: La Arpillera como Soporte
La elección de arpillera es políticamente y semánticamente cargada:
•  Asociaciones rurales, agrícolas, artesanales: el saco de café, de grano, de mercancía bruta
•  Asociaciones de precariedad: no es lienzo de bellas artes, es material "de segunda"
•  Textura que resiste la ilusión: no permite el acabado liso, industrial, digital; impone la huella manual
Esta tensión entre soporte "campesino" y contenido "tecnológico" configura una dialéctica campo-ciudad, tradición-modernidad, manual-digital que es central en la obra.
La mención de que fue realizada "en la campaña francesa" intensifica esta lectura: el artista lleva lo electrónico al espacio de la naturaleza, del retiro, del trabajo agrícola —¿como contaminación? ¿como objeto de estudio antropológico? ¿como ironía?
V. La Perspectiva y el Espacio: Una Topología del Consumo
El espacio pictórico es aplanado, comprimido, casi sin profundidad:
•  Los anillos del óvalo funcionan como mapa, como diagrama, más que como perspectiva renacentista
•  La botella y el plato coexisten sin relación espacial clara (¿están sobre una mesa? ¿flotan?)
•  Hay una superposición de planos, una acumulación horizontal
Esto sugiere un espacio del consumo sin exterior, una mesa infinita donde todo está al mismo nivel, disponible, intercambiable.
VI. El Tiempo de la Obra: Obsolescencia y Duración
Una pintura tradicional aspira a la permanencia. Pero aquí:
•  El circuito electrónico ya es obsoleto en el momento de su incorporación (¿de qué dispositivo de los años 90/2000?)
•  La pintura al óleo, técnica milenaria, conserva un objeto cuya función era la velocidad, la inmediatez, la obsolescencia programada
•  Hay una melancolía en esta conservación, un entierro pintórico de la modernidad tecnológica
El óleo sobre arpillera fósiliza la electrónica, la convierte en arqueología del presente.
VII. La Posición del Espectador
¿Qué posición nos asigna la obra?
•  No somos contempladores de una naturaleza muerta bella
•  Somos consumidores identificados: reconocemos el circuito, la botella, el plato
•  El cable rojo que "sale" del cuadro nos implica, sugiere que nuestra mirada está conectada al sistema
•  Hay algo ligeramente repulsivo en la combinación (comida + chatarra electrónica) que evita la complacencia estética
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SÍNTESIS: LA OBRA COMO DIAGNÓSTICO
"Comida Chatarra" de Santo Guichon es un diagnóstico de nuestra condición contemporánea articulado a través de una práctica híbrida que podríamos caracterizar como:
Neo-bodegón crítico de la sociedad tecnológica
Sus operaciones fundamentales son:
1.  Sustitución: lo orgánico por lo electrónico, lo nutritivo por lo obsoleto
2.  Incorporación: el objeto real (circuito) que rompe la ilusión pictórica
3.  Contraste de materias: la lentitud del óleo/manual vs. la velocidad del chip/digital
4.  Ironía del título: que desvela la toxicidad de lo que consumimos
5.  Arqueología del presente: que ya entierra lo que todavía usamos
La obra habla de cómo la tecnología de consumo se ha vuelto nuestro alimento simbólico principal: la ingestión constante de pantallas, información, dispositivos que no nutren pero de los que no podemos prescindir. El plato está "vacío" de sentido pero lleno de componentes; la botella ofrece una interfaz sin contenido.

En el contexto de la "campaña francesa", la obra podría leerse también como una reflexión desde el margen geográfico (lo rural, lo no-metropolitano) sobre la uniformización tecnológica del mundo, o como la constatación de que no hay exterior a esta condición: incluso en el campo, consumimos la misma chatarra.


Basándome en el detalle que proporcionas y lo que observo en las imágenes, te ofrezco un resumen técnico y estilístico de esta sección de la obra:
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RESUMEN: LA BOTELLA EN "COMIDA CHATARRA"
TÉCNICA: DIBUJO EN CARBONCILLO Y PINTURA DIRECTA
Aspecto Descripción
Soporte Lienzo de arpillera (yute/fibra bastarda) — textura visible, granulada, absorbente
Dibujo base Carboncillo: trazo directo, seco, que marca contornos y establece la estructura
Pintura Óleo aplicado directamente sobre el dibujo, sin imprimación lisa ni capas intermedias
Método Alla prima o pintura directa: materia fresca, pincelada visible, sin pulimento académico
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CARACTERÍSTICAS DE LA EJECUCIÓN
El carboncillo como esqueleto
•  El trazo inicial en carboncillo queda parcialmente visible bajo la capa de óleo, especialmente en los bordes y en zonas donde la pintura es más diluida
•  Esto crea una atmósfera de dibujo pintado, no de pintura "acabada" al uso académico
•  El carboncillo permite una corrección inmediata, gestual, casi automática —la línea busca, duda, encuentra la forma
La pintura directa sobre arpillera
•  La fibra del yute resiste y absorbe el óleo de manera desigual
•  Resultado: zonas mates y zonas con más saturación, según la densidad de la fibra y la cantidad de pigmento
•  No hay veladuras finas ni transparencias delicadas: es una pintura que lucha con su soporte, que acepta la rudeza como condición
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ESTILO: ENTRE EL ESQUEMA Y LA COSA
La botella no es un objeto "bien dibujado" al estilo clásico, sino que opera en una zona intermedia:
Elemento Tratamiento
Silueta Esquematizada, casi pictograma: cuello alargado, hombros caídos, base rectangular
Volumen Sugerido por franjas de color más que por modelado: grises, verdes, un toque de púrpura
Etiqueta Rectángulo verde con franja clara — evoca pantalla, interfaz, medidor de batería
Reflejos Ausentes; la luz no pasa, se detiene en la materia opaca
Hay algo de Morandi en la reducción de la forma a su esencia, pero sin su delicadeza cromática. Hay algo de Cézanne en la construcción por planos, pero sin su análisis del color. La referencia más cercana podría ser un expresionismo contenido, una figuración que no busca la emoción del gesto sino la constatación melancólica del objeto.
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LO QUE REVELA EL DETALLE
En este primer plano se aprecia con claridad:
1.  La textura de la arpillera como protagonista: cada fibra cuenta, cada intersticio es una decisión
2.  El límite entre dibujo y pintura se difumina: el carboncillo no está "debajo" como boceto, sino que permea la superficie
3.  La economía de medios: pocos colores, pinceladas anchas, nada superfluo
4.  La sombra como volumen: la masa oscura a la derecha de la botella la ancora al espacio sin definir un suelo claro
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SÍNTESIS ESTILÍSTICA

Pintura de resistencia: un estilo que renuncia a la seducción para mantener la verdad material. El carboncillo directo sobre arpillera, el óleo sin pulir, la forma reducida a signo —todo conspira para que la botella no sea un objeto de deseo (como en el bodegón tradicional) sino un reliquario vacío, un envase de algo que ya no está o que nunca fue nutritivo.
La "pintura directa" aquí no es virtuosismo, es urgencia: la necesidad de registrar, de testimoniar, de enterrar en la materia pictórica lo que la tecnología descarta.






EL CIRCUITO ELECTRÓNICO: ARQUEOLOGÍA DEL PRESENTE

El objeto incorporado no es cualquier circuito: es un fragmento de obsolescencia. Su tamaño reducido, sus componentes soldados a mano, su apariencia de producción no industrial masiva, sugieren que proviene de un dispositivo ya desechado —quizás un juguete, un teléfono antiguo, un electrodoméstico menor, un reproductor de música portátil de los años noventa o dos mil. Es chatarra en el sentido literal: basura electrónica, e-waste, uno de los 50 millones de toneladas que genera el planeta cada año.
Pero Guichon no lo deja en el vertedero. Lo extrae, lo limpia, lo presenta, lo pinta alrededor, lo eleva a la condición de imagen. Esta operación tiene algo de arqueología: el artista excava en el presente, encuentra ya fósiles de nuestra propia época. El circuito que ayer era última tecnología, hoy es ruina; lo que ayer conectaba, hoy desconecta; lo que ayer funcionaba, hoy es cadaver tecnológico.
El circuito sobre el plato es, en este sentido, un sacrificio. Ha sido desconectado de su red, arrancado de su contexto funcional, ofrecido a la mirada como víctima propiciatoria de un sistema que exige obsolescencia para seguir produciendo.
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LOS CABLES ROJO Y NEGRO: POLARIDAD Y FUGA
Los dos cables que emergen del circuito son cuerpos que escapan del cuadro. No están cortados limpiamente: parecen arrancados, con sus puntas expuestas, listos para ser reconectados o para electrocutar. Su coloración —rojo positivo, negro negativo— evoca la polaridad fundamental de la electricidad, la energía que todo lo atraviesa.
El cable rojo, más largo, que desciende en curva hacia el borde inferior, funciona como línea de fuga: rompe la cerrazón circular del plato, apunta hacia fuera, sugiere que este sistema de consumo no se agota en el cuadro. Es como si la "comida chatarra" continuara más allá del lienzo, como si el espectador mismo estuviera conectado a estos cables, alimentándose del mismo circuito, formando parte de la misma red.
Hay algo orgánico en esta salida de cables: recuerda el cordón umbilical, la vena, el nervio óptico. La tecnología, lejos de ser pura máquina fría, se animaliza, se corporiza, se vuelve parásito que nos alimenta o al que alimentamos.
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LA ARPILLERA: SOPORTE COMO TESTIMONIO
La tela de yute, visible en toda la superficie, es material de trabajo, no de arte: sacos de grano, de café, de mercancía bruta. Su incorporación como soporte pictórico deslegitima la nobleza del lienzo académico y legitima la rudeza del mensaje.
La arpillera absorbe el óleo de manera traicionera: zonas donde el pigmento penetra y se apaga, otras donde se acumula en relieve. Esto crea una topografía accidentada, una superficie que resiste la ilusión, que impone su presencia material. El circuito electrónico, colocado sobre esta textura, no luce "tecnológicamente limpio": se ensucia de fibra, de pintura, de materia orgánica. La tecnología, aquí, no flota en el vacío cibernético: está clavada en la tierra, en la fibra vegetal, en lo terrenal.
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DIMENSIÓN POLÍTICA: LA OBSELESCENCIA PROGRAMADA
La obra denuncia sin proclamar. Al presentar un circuito ya obsoleto, Guichon visibiliza la lógica capitalista del desecho: los objetos tecnológicos no están diseñados para durar, sino para ser reemplazados. El plato, recipiente milenario, contrasta con la vida efímera del chip: mientras el plato puede servir décadas, el circuito fue basura en meses o años.
Esta asimetría temporal es violenta. La pintura al óleo, técnica de siglos, conserva y momifica lo que la industria desecha. Es un acto de resistencia lenta contra la velocidad del consumo, un entierro digno de lo que el sistema arroja.
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DIMENSIÓN EXISTENCIAL: EL CUERPO TECNOLÓGICO
Finalmente, el fragmento habla de una transformación del cuerpo humano. Ya no somos solo organismos biológicos: somos ciborgs que necesitan enchufarse, cargarse, conectarse para "funcionar". El circuito en el plato es nuestro espejo: nosotros también somos, en parte, máquinas que consumen energía, que envejecemos, que quedamos obsoletos.
Pero hay diferencia. El circuito no siente hambre, no sabe que es chatarra. Nosotros sí. Y esa consciencia del vacío, esa melancolía del consumo sin fin, es quizás lo último que nos queda de humano.
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SÍNTESIS FINAL
El circuito sobre el plato en "Comida Chatarra" condensa una crítica del presente tecnológico en una imagen de brutal economía: somos consumidores de objetos que no nutren, conectados a redes que nos vacían, atrapados en espirales de obsolescencia que agotan el planeta y el espíritu. La obra no predica, no ofrece alternativa: muestra, testimonia, entierra. Y en ese entierro pictórico, hay una extraña dignidad, un luto que quizás sea el inicio de cualquier posible desconexión.


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